En noches fijas del año, en aldeas desde Akita hasta las islas Yaeyama, los jóvenes se ponen máscaras y trajes de paja o de hojas y van de casa en casa como dioses. Patalean, rugen, preguntan si allí viven perezosos o niños llorones, y el cabeza de familia los recibe con comida y bebida y los despide dejando atrás una bendición. Los Namahage de la península de Oga son los más famosos; los Toshidon de Koshikijima y los Paantu de Miyako son otros.

En 2018 la UNESCO inscribió diez de estos ritos en conjunto como Raiho-shin, visitas rituales de deidades enmascaradas y disfrazadas. Las figuras parecen oni y los niños a veces los llaman así, pero son dioses, y su visita es una bendición.

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